martes, 10 de abril de 2012

DURGA


El culto bengalí a Durga : el regreso de la diosa madre / Eva Fernández del Campo Barbadillo

Todos los años se celebra en el estado indio de Bengala el festival de Durga, una de las diosas más veneradas de la India. En este festival se adora a la diosa hindú Durga en su forma de “Mahisasuramardini”, literalmente “la que mata a Mahisasura”, el terrible demonio con forma de búfalo que consiguió incluso derrotar a un ejército formado por todos los dioses.

La diosa Durga aparece representada en esta celebración como una mujer hermosa, de larga cabellera negra, con tres ojos y piel de color amarillo o dorado. Va montada sobre un león y tiene multitud de brazos. En cada una de sus manos la diosa lleva un arma diferente que, según la leyenda, le fue entregada por cada uno de los dioses para combatir al demonio. Así se la puede contemplar llevando el tridente de Siva, el disco de Vishnu,... y el rosario y jarra de Brahma cuando tiene 10 brazos. Durga detiene al demonio, sujetándole el pelo y clavándole el tridente de Siva, acabando con su vida. Durga es una de las formas que adquiere Parvati, la consorte de Siva, tras matar a un demonio llamado Durg. Su nombre significa “la inaccesible” y su leyenda cuenta que la diosa nació de una montaña de luz, resplandeciente como mil soles, rindiéndose los dioses, la cesión de todos sus poderes a la diosa, en quien depositan sus últimas esperanzas para acabar con el mal.
La Durga Puja es el festival en el que las hijas vuelven a sus casas maternas para pasar unos días. Durga, en la mitología, era como muchas mujeres indias, casi una niña cuando se casó y fue a vivir a casa de los padres de su marido. Para las mujeres indias la separación de sus padres y la nueva vida de casadas resulta muy a menudo una experiencia traumática y muy dura; según la mitología, en el caso de Durga la situación era todavía peor dado que su marido, el dios Siva, la tenía especialmente desatendida debido a su hábito de fumar hachís y a su carácter antisocial. El festival de Durga en Bengala simboliza pues, también el regreso de la joven recién casada a casa de sus padres durante la breve visita anual que todas las mujeres indias hacen a sus familias. La diosa es, así, recibida por las familias bengalíes como si fuera su hija, se la acoje cálidamente y se le ofrecen todo tipo de comodidades y agasajos, mientras que el día de su partida es causa de profundo dolor para los miembros de la familia.
El origen de la diosa: el Shaktismo
El culto a la diosa Durga puede, sin ninguna duda, identificarse con otros cultos a divinidades femeninas, que se remontan al neolítico y que han permanecido vivos hasta nuestros días. Este tipo de cultos corresponden a pueblos agrícolas y a sociedades matriarcales y están muy vinculadas a religiones locales de tipo animista, protagonizadas por el culto a los árboles. En India este tipo de rituales dedicados a una divinidad femenina como diosa suprema recibe el nombre de shaktismo. Existen evidencias del culto a una diosa madre y a los árboles ya en la civilización neolítica del Valle del Indo, en cuyas ciudades se han encontrado numerosas estatuillas femeninas de terracota; éstas muestran los órganos sexuales muy marcados e incluso a veces se representa vegetación brotando de sus vaginas, hecho que evidencia su carácter de exvotos relacionados con la fertilidad. Todas estas shaktis o diosas aborígenes están hechas de forma muy tosca y la técnica utilizada normalmente es la del pastillaje. Diosas-madre de factura casera o doméstica; el más conocido es el “torso femenino de Harappa”; hecho de caliza más noble que la arcilla, y encontrado en un lugar muy protegido indica que quizás pueda tratarse de una pieza de culto relevante en la vida religiosa de la ciudad de Harappa y no sólo de una imagen propia de algún culto doméstico. La pieza pequeña tiene una delicada factura y un gran naturalismo, con un elegante movimiento serpentinato de la pierna, cuya sensualidad se ve acentuada por el suave pulido de la piedra. Tiene un gran orificio vaginal que lo vincula a un culto a la sexualidad, en este sentido la imagen puede relacionarse directamente con la shakti, la gran madre que da origen al mundo con su danza. También el torso femenino o la estatuilla tiene otros orificios por el cuello y hombros, para insertar varias cabezas y brazos, como ocurre con Durga, en señal de omnipotencia.
Ya desde el neolítico de aprecia también la existencia de un culto especial a los árboles que hoy en día sigue siendo muy importante en India y que siempre aparece relacionado con la fertilidad y con la maternidad. El espíritu que habita en los árboles era y es objeto de devoción en India; el árbol es un elemento siempre presente en los acontecimientos de la vida de Buda. El espíritu de los árboles llegó a adoptar una forma antropomorfa dando lugar a la imagen de la yakshini, quizás el motivo más repetido en el arte indio. La yakshini es un genio arbóreo femenino que se representa como una mujer prácticamente desnuda, agarrada a la rama de un árbol y que simboliza el poder creador y la fertilidad tanto física como espiritual. Tiene mucha relación con la imagen de Durga.
La shakti es el poder de la divinidad que permite la actividad creativa; una fuerza sin la que el elemento masculino queda incompleto y es inefectivo. Durga nace de de la energía de las divinidades masculinas ante la impotencia de los dioses para llevar a cabo su cometido y ello pone de manifiesto la idea de polaridad y dualidad en la visión india del universo, donde la realidad del mundo se considera como la unión de dos principios: uno femenino y otro masculino. Se la relaciona con la tierra (madre tierra), así como madre progenitora. A través del culto de Durga se establece un claro paralelismo, que es común en muchas culturas agrarias, entre la fertilidad de la tierra y la fertilidad humana, entro lo que se planta y crece en la tierra y el crecimiento de un feto en el útero materno. Ello se manifiesta por un lado en la importancia que cobra la sexualidad y, unida a ella, la sangre. En primer lugar, vinculado al culto a la shakti, cobra protagonismo la veneración tanto a los órganos sexuales (lingam) y femenino (yoni) como de la representación de la cópula entre Durga y Siva, que se considera el origen del universo; existe además durante la puja la costumbre de decir frases y hacer gestos obscenos.
El culto a Durga lleva aparejado también el sacrificio de animales; este hecho resulta muy poco común en el hinduismo, y puede considerarse exclusivo de los ritos vinculados a la energía femenina, shakti. La sangre es, por un lado, indentificativa con la fertilidad y la cosecha; por ello, cuando en los ritos a Durga se sacrifica a un animal, su sangre se deja correr por la tierra como símbolo de su poder fecundador.
Durga como uno de los aspectos de la shakti, la gran madre que da origen al mundo, como el poder creativo. Durga como personificación de la energía cósmica no solamente por su carácter maternal, sino además por identificarse con el “espíritu del bosque”, con el espíritu del que todo mana y al que todo retorna (Brahma). En el shaktismo la triada hindú formada por Brahma, Vishnu y Siva se convierte en secundaria y Durga pasa a ser la diosa principal, la única. La diosa es considerada la consorte de Siva (Parvati); es creadora, conservadora y destructora del universo, asumiendo las funciones propias de Brahma, Vishnu y Siva. La diosa se identifica con el poder que da la vida. 
La llegada de los pueblos arios a India entre 1500 y 1200 aC supuso la llegada del elemento ganadero y patriarcal a la cultura ya existente. La llegada de los arios supuso la introducción de toda una serie de nuevos dioses masculinos cuya veneración se impondría en India durante muchos siglos. De sociedad matriarcal en Harappa o Valle del Indo, con los arios se pasa a una sociedad patriarcal!!! 
Resulta paradójico que Durga nazca en los siglos IV-VdC, pues éstos coinciden en India con el momento de máximo esplendor del budismo mahayana. Hablemos del arte clásico: durante el periodo gupta, India asiste a uno de los momentos más fascinantes de su historia, los siglos IV-V de nuestra era, que son el periodo de máximo auge económico y cultural; el subcontinente se ve enriquecido gracias al gran apogeo del comercio transcontinental vinculado a la Ruta de la Seda; gran periodo de gran paz y tranquilidad social que da como resultado una producción artística tan importante que recibe el nombre de ARTE CLÁSICO. El florecimiento de las artes afecta tanto a la música, a la danza, y al teatro, cuyos primeros tratados son escritos ahora, como a la literatura (obra dramática de Kalidasa) y a las artes plásticas. Durante los siglos IV y V, se da forma definitiva a las grandes obras de la literatura india que se habían transmitido gracias a la tradición oral: las dos grandes epopeyas (el Mahabbharata y el Ramayana), y varios tratados, entre los que destacan el Dharmasastra y el Kamasutra. En las artes plásticas se producen obras de tanta importancia como las pinturas de Ajanta (la última gran obra budista en India) o el Buda de Sarnath; esta última pieza ejemplifica todo el momento histórico; se trata de una escultura de poco más de metro y medio de alto que se encuentra hoy en el museo de Sarnath, junto a Benarés; representa a Buda sentado en padmasana (postura de loto) y realizando la dharma-chacra-mudra (el gesto de las manos que indica que está predicando o “haciendo girar la rueda de la enseñanza”). La obra es un claro reflejo del proceso de intelectualización que ha sufrido el budismo en los últimos tiempos, ello queda reflejado en la profunda contención de las formas, en el sosiego interior que transmite gracias al purismo volumétrico y al delicado pulimento de la piedra, una arenisca de Chunar que produce un efecto de esfumato. Esta imagen puede muy bien identificarse con el mundo pacífico y culto de las cortes gupta y con el intelectualismo del último budismo indio. Pero el gran periodo gupta encierra en sí la semilla de su propia desintegración; el budismo se había convertido en una doctrina que había quedado restringida a unos pocos; el brahmanismo y las tradiciones populares, soterradas durante ocho siglos de predominio budista, van a resurgir con una fuerza tal que en el siglo VI hacen desaparecer prácticamente al budismo de India. Se le suma la invasión de los hunos en el año 490, el fin del comercio de la Ruta de la seda, el fin de la hegemonía gupta y el fin de la paz. Es entonces cuando nace la diosa Durga, o más bien, cuando regresa la gran diosa madre!!!.
Frente a la imagen contenida y serena del Buda de Sarnath, surgen una serie de imágenes de divinidades femeninas que pueden ejemplificarse con otra de excelente calidad: la escultura de Durga del Templo de Aihole (Karnataka). Esta escultura de Durga pertenece muy posiblemente al siglo VI y marca el inicio de un nuevo arte; frente a la temática budista surge el Hinduismo, frente a la abstracción e intelectualización budista que había alejado la religión de las capas más populares de la población surge la pasión desbordada, la energía de la gran diosa guerrera y sangrienta que anuncia el fin del periodo de paz y el inicio de la llamada “Edad Media” india. La diosa, la Madre, aparece así como un revulsivo frente a una divinidad que sólo llegaba a unos pocos; su nacimiento es una aclamación popular frente al culto elitista y masculino que se había ido imponiendo en India desde la llegada de los arios, es la rebelión del campo, de las culturas agrarias frente a la cultura cortesana de los gupta, el triunfo del hinduismo sobre el budismo, del elemento drávida sobre el ario, de la cultura matriarcal frente a la patriarcal, de una forma de vida agrícola a otra ganadera. 
El ritual de la diosa Durga revive no sólo la guerra universal entre la ignorancia y el conocimiento, la verdad y la falsedad, el opresor y el oprimido, sino que revive además la victoria de la religión hindú frente al budismo, de la tradición agraria y matriarcal que existía en India antes de la llegada de los arios frente a la cultura patriarcal y ganadera impuesta por éstos y, sobre todo, el triunfo de la tradición popular frente a una cultura elitista e intelectualizada. 






Escultura de Durga (arriba) del templo de Aihole (abajo), Karnataka. Siglo VI y marca el inicio de un nuevo arte: frente a la temática budista surge el hinduismo, frente a la abstracción e intelectualización budista que había alejado la religión de las capas más populares de la población surge la pasión desbordada, la energía de la gran diosa guerrera y sangrienta que anuncia el fin del periodo de paz y el inicio de la llamada “Edad Media” india. 








Texto de la Dra. Eva Fernández del Campo Barbadillo, profesora de Arte Oriental y Contemporáneo en la Universidad Complutense de Madrid. Gran conocedora del Arte Indio y gran pedagoga.